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Elegir bien la refrigeración es lo que separa a una PC que rinde siempre al máximo de una que baja su velocidad por temperatura. Acá te contamos, sin vueltas, qué opción conviene según tu equipo.

1. Empezá por el calor que genera tu CPU

Cada procesador tiene un TDP (potencia térmica) que indica cuánto calor tenés que disipar. La regla simple: elegí un cooler con capacidad por encima del TDP de tu CPU. Así trabaja más holgado, más frío y más silencioso.

2. Disipadores de aire

  • Simples y confiables: no tienen bomba ni líquido, así que hay menos piezas que puedan fallar.
  • Torre simple: ideal para CPUs de gama media.
  • Doble torre: rinden a la altura de muchos watercooling de 240 mm en CPUs potentes.
  • Ojo con la altura: revisá la altura máxima de cooler que admite tu gabinete y que no choque con las memorias.

Ver disipadores de CPU.

3. Watercooling AIO

  • Más capacidad para CPUs exigentes y cargas largas (render, streaming, juegos pesados).
  • Radiador de 240, 280, 360 o 420 mm: cuanto más grande, más superficie para disipar. Revisá que tu gabinete lo soporte en frente o techo.
  • Estética: dejan libre la zona del procesador y muchos traen ARGB o pantalla LCD.
  • Montaje: evitá que la bomba quede como el punto más alto del circuito, así no acumula aire.

Ver watercooling AIO.

4. Compatibilidad de socket

Antes de comprar, confirmá que el cooler incluya soporte para tu socket: Intel LGA1700 / LGA1851 o AMD AM4 / AM5. En cada producto lo detallamos.

¿En resumen?

Para la mayoría de los equipos, un buen disipador de aire de doble torre es la opción más confiable. Si tenés un procesador de alto consumo, un gabinete que lo soporte o buscás una estética más limpia, un AIO de 360 mm es el siguiente paso. ¿Dudas? Escribinos y te ayudamos a elegir.